Se dice…

Soy yo, quien ahora se encuentra en un abismo
Perdida entre las sombras y la distancia
Como un reloj sin pulso ni ritmo
Pasando desapercibida su existencia.
Soy yo quien sopesa tus miedos
Aún a costa de mis sueños
La que se entrega completa y si reparos
A cambio de unos pocos momentos.
Pensando una y otra vez si lo que hago
No es más que sólo un triste engaño
Decidiendo si voy a quedarme
O dejarte en ese, tu sitio.
Porque no puedo dejar de pensarme
Tratando de cambiar un instante
Que tal vez tu quieres que vuelva.
Se dicen muchas cosas de esta sombra
Más nadie recuerda que si está contigo en la nada
Es Porque merece la pena.
Se dicen muchas cosas de esta sombra
Tanto que ya me llamo “la otra”.

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Hacer el amor contigo

Porque cuando cierro mis ojos, te desvisto con el alma, puedo palpar tus montes, olerte tan libre, despertar mis adentros, recorrerte y enredarte en mi pelo, sentir ese fuego que destilan tus labios, carmesí de mi corazón , saciarme de tu fuente y estremecerme en tu pecho, mientras mis manos se funden entre tus dedos al vaivén de tus caderas y me deleito entre los gemidos sudorosos, explosivos que provocan tus ganas locas y mi completo delirio, porque quien dijo que necesito tenerte piel a piel para poder hacer contigo el amor, y al amor contigo?

Perdida

Te he extrañado tanto

Tantas veces y de tantas maneras

Sintiendo en cada una de ellas

Como mi corazón se llena de llanto

Y mis ojos de momentos imaginarios.

Me lleno de ilusiones y sueños

Que por si solos van sosteniendo

De mis fuerzas los últimos resquicios.

Y me siento pérdida en este laberinto

De la realidad y lo imaginario

Y es que cada vez me cuesta más

No sentirme sola buscando una salida.

Una salida que me lleve a ti

Que desvanezca la utopía

Y me vuelque en mil realidades,

Donde tu estés ahí esperándome

Listo para rescatarme y amarme

Y no es que tu amor no me acompañe

Pero a veces se siente como fantasma

Cuya presencia se siente

Sin saber si está ahí o es tan sólo

Un producto de mi mente.

Y me siento pérdida y te extraño tanto

Y a tu ausencia me estoy adaptando

Ya no se si si busco una salida

O a este laberinto me estoy acostumbrando

Carta a mi hijo.

Parece muy trillado empezar está carta diciéndote que te amo mas que de lo que alguna vez me sentí capaz de poder amar a alguien. Pero es como es. Eso es justamente lo que siento. Siento que soy tan afortunada de poder compartir esta vida junto a ti, verte crecer y ver como en tu sentido del humor se ve reflejado el mío. Has sido mi compañero en tantos momentos difíciles y muchos otros increíbles. Has comprendido mis fallas y me has ayudado a verlas y enmendarlas. Tu comportamiento me dice cuán lejos o cercana estoy de verte convertido en un hombre con mezcla exacta de carácter y bondad. Fuerte en sus convicciones, justo, solidario, amoroso y trabajador. Se que nuestro camino juntos no ha sido fácil. Tuvimos que enfrentarnos solos tu y yo a cientos de tormentas, se que adoptaste el papel de protector para mi, para tus hermanos, cuando tu edad no combinaba con tu responsabilidad. Pero aprendimos a surcar aguas turbias y profundas y hoy, estamos llegando a la orilla, con un nuevo sol renanciendo en nuestras mejillas. Se que a veces dicen que los hijos debemos todo a nuestros padres. Pero hoy quiero decirte que yo también te debo la vida. Si! Te debo mi vida, pues sin la tuya, la mia estaría vacía. Porque sin tu presencia, no hubiera sido tan fuerte, tan valiente y quizá, hubiera dejado de remar hace tiempo. Tu mi brazo derecho, mi cómplice y mi combustible. Tu, el de carácter fuerte, el ruidoso, heredero de mi risa estruendosa y burlona que en tantos líos me metió. Tu mi niño mayor, me salvaste de la nada. Tienes tus fallas, lo se, no eres perfecto, pero quién lo es? Tus fallas y virtudes te hacen ser quien eres. Y esa falla siempre es una oportunidad que tendrás para mejorarte y reinventarte. Para mi, la oportunidad de ayudarte siempre, de verte valiente, inquebrantable y tan consciente de que hay quienes necesitan ayuda y que siempre estés dispuesto a brindarla. Hoy te ofrezco todo lo que soy y lo que tengo. Nada gratis, todo tiene que ser ganado. Pero tu fortaleza me hacen saber que hasta hoy, al menos contigo, no me he equivocado.

Llamenme Anticuada

Llamenme anticuada, aburrida o hasta vieja, pero aún no acaba de gustarme esta nueva faceta de la “liberación femenina”. Y es que se escuda la vulgaridad con la libertad, con palabras que entre mujeres ya son comunes, palabras que denigran, sobajan e insultan la esencia femenina, la persona misma. Palabras que eran usadas típicamente por hombres (no todos ni de la mejor calaña o educación) para generar daño a la mujer. Ahora esas palabras son usadas casi como un halago entre el mismo género femenino. Llamenme anticuada, pero para mí, llamarme “perra” jamás será un piropo.

Si, llamenme retrógrada, pues aún no logro aceptar que el cuerpo femenino sea expuesto de una forma tan descarada por entretenimiento. Si estoy de acuerdo, la industria para adultos existe hace décadas. Pero esto no estaba expuesto a todo el mundo, incluyendo a niñas que crecen haciendo “twerking” casi como deporte. No logro digerir la idea de tener tanto poder de comunicación como mujer y no tener más que ofrecer que tu trasero moviéndose de forma que antes, solo se reservaba para la intimidad.

Para mi, ser mujer significa mucho más que un cuerpo perfecto y de dominio público. Significa abrirte paso en el mundo que aún sigue relegándonos, sin más armas que tu cerebro, tu destreza, tu ingenio y esfuerzo. Significa tener en tus manos el privilegio de traer una nueva generación de hombres y mujeres conscientes de la igualdad y la empatía. Significa tener el valor para tomar decisiones por ti misma sin rendir cuentas a nadie Pero sin perder la dignidad y esa pizca de pudor que reserve algo de ti, para quien sea merecedor.

Y sea cual sea el adjetivo que yo merezca por esta forma de pensamiento, prefiero ser anticuada, vieja o aburrida, a que mi trasero sea lo único que tenga para destacar y ofrecer al mundo.